El camino
El camino: de cero a 8.848 metros
Un talento natural para moverse en la montaña, el interés compartido por sus compañeros y su ilusión cada vez mayor llevaron a Edurne a buscar picos más allá del País Vasco y Pirineos. Cuando tenía 15 años, su primo Asier (futuro compañero de cumbre en varios ochomiles) le enseñó a escalar en roca. Un año después ascendía el Mont Blanc. Luego escaló en Andes para, finalmente, enfrentarse a su primer reto himaláyico: el Dhaulagiri, que intentó (sin cumbre) en el 98.
El punto de inflexión llegó, sin embargo, en 2001, cuando fue propuesta como miembro de una expedición al Everest. Era una oportunidad única en la vida: escalar un pico de más de ocho mil metros es una experiencia que pocos montañeros pueden permitirse; pero verse cara a cara con el techo del mundo - es un sueño hecho realidad.
El punto de inflexión llegó, sin embargo, en 2001, cuando fue propuesta como miembro de una expedición al Everest. Era una oportunidad única en la vida: escalar un pico de más de ocho mil metros es una experiencia que pocos montañeros pueden permitirse; pero verse cara a cara con el techo del mundo - es un sueño hecho realidad.
En aquel momento Edurne, a sus 28 años, era una perfecta desconocida en el mundillo montañero. Pero cuando regresó a casa, llevaba la cumbre en el bolsillo. Y la adicción al Himalaya en las venas – tenía que regresar.









































