El reto
Los 14 ochomiles
Existen 14 picos en el planeta que superan los 8.000 metros de altura – todos en el Himalaya, repartidos entre Nepal, Tibet y Pakistán. Para llegar hasta su base es necesario remontar a pie, durante días, tierras cada vez más altas y aisladas, hasta penetrar en un mundo hostil de roca y hielos perpetuos. Vistos de cerca, los ochomiles se muestran inmensos e inexpugnables. Intentar ascender hasta la cumbre es, según quien los mire, una locura –o el desafío de toda una vida.
Sólo catorce personas han coronado los 14 ochomiles, todos ellos varones. No es extraño: ascender una sola de esas montañas requiere experiencia, maestría en las técnicas de progresión sobre roca, hielo y nieve, entrenamiento físico y mental, tiempo, dinero, capacidad de sufrimiento – y suerte.
Sólo catorce personas han coronado los 14 ochomiles, todos ellos varones. No es extraño: ascender una sola de esas montañas requiere experiencia, maestría en las técnicas de progresión sobre roca, hielo y nieve, entrenamiento físico y mental, tiempo, dinero, capacidad de sufrimiento – y suerte.
Pero plantearse escalarlas todas sólo es concebible para alpinistas profesionales que dedican su vida a ello. Y no es una vida fácil. .

El largo camino a los ocho mil metros
Quienes se enfrentan a los colosos del Himalaya deben adentrarse en la llamada "Zona de la Muerte" a partir de 7.500 metros, donde el cuerpo es incapaz de aclimatarse y, literalmente, se consume a sí mismo hasta morir. Se arriesgan a caer en grietas o por precipicios, ser sepultados por avalanchas, barridos por un temporal, sufrir hipotermia, congelaciones y mal de altura o, sencillamente, desfallecer por agotamiento. Todo ello para, como decía el alpinista Lionel Terray, "conquistar lo inútil". Eso, si finalmente se llega a la cumbre, porque hay muchas probabilidades en contra.
La escalada requiere semanas entre aclimatación, varias ascensiones parciales montando campamentos y trabajando en la ruta, violentas tormentas que paralizan el trabajo y multiplican el riesgo de aludes, etc. Cuando al fin se dan las condiciones idóneas (si se dan) para un asalto a cima, normalmente sólo queda tiempo y fuerzas para un intento.
La cuestión es: ¿Merece la pena tanto riesgo, tanto sufrimiento? Para Edurne Pasabán – definitivamente, sí.
La cuestión es: ¿Merece la pena tanto riesgo, tanto sufrimiento? Para Edurne Pasabán – definitivamente, sí.








































