Endesa y Edurne Pasaban
Edurne Pasaban

La Batalla

del K2

LA MONTAÑA SALVAJE
En 2004, el equipo del programa de TVE Al Filo de lo Imposible, comunicó a Edurne que contaba con ella como protagonista para su siguiente reto: el K2. Tambièn llamado "La montaña salvaje", sólo unos metros más baja que el Everest y mucho más comprometida, el K2 celebraba aquel año el 50 aniversario de su primera ascensión. Además, se daba la triste circunstancia de que ninguna mujer de las seis que lo habían hollado hasta ese momento estaba viva para contarlo.

Al Filo montó una expedición con grandes medios y los mejores himalayistas del panorama nacional. De nuevo, la oportunidad era demasiado atractiva como para dejarla pasar, a pesar de que Edurne no estaba del todo mentalizada para enfrentarse a uno de los picos más peligrosos del planeta.

La expedición al K2 fue un èxito, pero la alpinista pagó un precio muy alto. El intenso frío durante el día de cumbre, la complicación de los últimos tramos y el tiempo invertido fijando cuerdas y abriendo huella por delante de todas las
demás expediciones presentes en la montaña, exprimieron su energía hasta la última gota. El descenso se convirtió, para una Edurne exhausta y con los pies congelados, en una lucha al límite por la supervivencia. La aventura terminó en una larga y dolorosísima recuperación en el hospital, y dos dedos de los pies amputados. Su compañero Juanito Oiarzabal perdería todos los dedos de los pies.

Resurgir de las cenizas
La traumática experiencia llevó a Edurne a replantearse su futuro. Necesitó calma y tiempo para sopesar opciones, e incluso consideró la idea de dejar el montañismo. Descansó, viajó, y continuó con sus estudios. Incluso cuando, en 2005, regresó a Pakistán y llegó a la cima del Nanga Parbat, aún no tenía claro hacia dónde encaminar su carrera. "Volví a enviar solicitudes de trabajo en proyectos de ingeniería," recuerda la alpinista. "Sin embargo, al final me hice la pregunta clave: ¿Sería feliz trabajando como ingeniera el resto de mi vida? La respuesta fue que no."

Meses más tarde volvió a otro ochomil, el Shisha Pangma, pero con una actitud diferente: acompañada sólo por amigos íntimos, sin repercusión mediática, y por la ruta que realmente quería escalar - la bella vía Británica de la cara Sur. Las malas condiciones le impidieron hacer cumbre, pero no importó. Había vuelto a encontrar la motivación. "He regresado a las montañas," escribió al final del viaje.
Desde entonces, Edurne ha tomado el control de las ascensiones que emprende, decidiendo què hacer y a dónde ir. La chica que sólo quería escalar con sus amigos se ha convertido en un verdadero líder de expedición. En el verano de 2007 corona el Broad Peak. De vuelta, y mientras planea el año siguiente, decide que realmente puede y quiere completar el desafío de ascender los 14 ochomiles y, si es posible, ser la primera.

Llamando a las puertas de la historia
Con las cosas claras, va a por todas, y los acontecimientos no se hacen esperar: En 2008 vuelve a hacer “doblete”, con las cimas del Dhaulagiri en primavera, y el Manaslu en otoño. Esta primavera ha triunfado también en uno de sus objetivos más complicados: el Kangchenjunga.

En la actualidad, a sus 36 años, la deportista es un referente del himalayismo femenino mundial. Con las cimas de 12 ochomiles en su historial deportivo, ocupa uno de los puestos de cabeza en el ranking de mujeres candidatas a ser la primera en entrar en el selecto club de los “catorceochomilistas,” – las otras dos son la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner y la surcoreana Oh Eun-sun.
En cuanto a planes inmediatos: en septiembre de 2009, tras el monzón, planea saldar cuentas con el Shisha Pangma, y con el Annapurna en primavera de 2010. En definitiva, está comprometida a completar el reto y dispuesta a pasar a la historia.

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